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Italiana_madrid

Italiana_madrid

En Madrid hay un pedazo de Italia con aroma a café y mucha literatura. Y no, no es un tópico porque aunque con esta primera frase parezca extraño no vamos a hablar de un restaurante de comida regional. Italiana_madrid‘ es una librería café especializada en Italia. Así, sin rodeos y sin titubear lo deja claro Luca Scala, impulsor de esta aventura en la que se ha embarcado con Rosa Carreño, su “compañera y socia”.

Un rápido vistazo al local no deja lugar a dudas: los libros que llenan las estanterías están escritos en italiano o hablan sobre el país mediterráneo. “Todo lo que tenga relación con Italia nos interesa. Yo soy de Cerdeña, y siempre quise poner una librería… Lo de incluir el café es porque en Italia tenemos obsesión. Como me faltaban lugares con su olor… lo creamos nosotros”, explica Luca. “En mi tierra somos integristas del café y aquí garantizo un café italiano bueno, con una máquina regulada”, asegura. Un sorbo a la preciada bebida nos convence.

“No tenemos cocina pero sí algo de dulce. Lo compramos, y casi todo es de Italia pero si hay algo bueno en otro sitio también lo traemos”, confiesa. . “Compramos cosas buenas [como las galletas que sirven con las bebidas]. No tenemos una variedad enorme pero sí todo lo que nos interesa”. Y a este dato hay que sumarle que su carta cambia cada 10 días, “para no aburrir a la gente”.

Mientras ojeamos unos libros de arte, que se encuentran muy cerca de una estantería llena de guías de viaje, nos topamos con una edición ilustrada de ‘El Principito’, por supuesto en italiano. Autores que relatan historias ambientadas en la tierra de la pasta y obras que hablan justo de eso, de cocinar al dente…

Con esa visión uno no puede evitar mirar hacia la vitrina repleta de quesos y vinos italianos, tomates de tres colores, conservas… “No es un sitio para comer, es un sitio de aperitivo”, aclara Luca. De aperitivos como el spritz, que hace que los italianos peregrinen hasta allí para matar la nostalgia.

También van en busca de conversación en su idioma (hay grupos de intercambio de español-italiano), y por supuesto de su vicio más confesable: el espresso. “El café italiano aquí te cuesta 1,20 euros. Nos pareció que debe tener un precio como en Italia”, afirma convencido el filólogo que ahora regenta el lugar de sus sueños. Y su fórmula funciona: “Desde los primeros días mucha gente vuelve y te dice qué bueno está el café, sin preguntárselo nosotros”. Por algo será.
Corredera Baja de San Pablo, 10. Madrid.

Créditos de imagen: Fernando Álvarez.

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Home Burguer

Home Burguer

Estos días primaverales que invitan a comenzar con urgencia la operación biquini a mí me producen el efecto contrario: me dan hambre, y mucha. Tanta que hasta mi estómago (por lo general poco carnívoro) me incita a buscar un local de hamburguesas en la capital. Y ya que de un antojo se trata lo mejor es ir a lo seguro. Home Burguer, famosa desde hace ya muchos años gracias a su local de Espíritu Santo, lleva unos meses en la Plaza de la Luna, y en mi humilde opinión me atrevo a decir que hasta la comida está más rica que en el local originario. Y además es más grande, por lo que se está más cómodo…

¿Nuestra elección? Una cabrita para mí y otra de cuyo nombre no me acuerdo para nuestro querido fotógrafo de comida. Lo que sí recuerdo es lo que tenía: carnaza, cebolla caramelizada y queso ¿brie?. La mía un gran trozo de queso de cabra, mermelada de frutos rojos y la misma carnaza, pero un poco más hecha. De acompañamiento, como en todos sus platos, patatas fritas y ensalada de col.

¿Cómo estaban las hamburguesas? Deliciosas. Y lo digo sin tapujos, confesando que las de Espíritu Santo siempre me han sabido un poco peor, aunque a estas no les puedo encontrar un pero. Si hay alguno es el precio: no son nada baratas, pero para un día vale la pena darse un capricho. Y para rematar la faena… una cheese cake. Ay, no lo entiendo, pero vuelvo a tener hambre…

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Pizzaiolo

Pizzaiolo

Mi primer contacto con la comida de los chicos de Pizzaiolo fue como el de la mayoría de vosotros: devorando una porción de pizza comprada en su local de la Plaza de San Ildefonso. Poco después descubrí sus cannoli, me arrodillé ante ellos, y abrieron otra tienda en Espíritu Santo. Hasta que un día alguien me desveló que este pequeño emporio nació con un modesto restaurante en la calle Hortaleza. Y allá que nos fuimos.

El local, pequeño pero cálido, se llenó en menos de 15 minutos. Los camareros, simpáticos. Y la comida… sabrosa. Inspirados por el aire siciliano nos decantamos por dos pizzas muy mediterráneas: una de berenjenas y ricota, y otra con jamón serrano y alcachofas. Las dos estaban buenísimas por lo que se merecían ser regadas con un Lambrusco tinto (preferencias de mi partner). Para salir de allí todavía más contentos pedimos un tiramisú, y acertamos.

¿Lo mejor de todo? La buenísima atención que recibimos por parte de los camareros, todos italianos y divertidos. Ah, y las pizzas claro, pero esas ya sabíamos que iban a estar buenas.
C/Hortaleza, 84. Madrid.

Créditos de imagen: Fernando Álvarez.

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El Brillante

El Brillante

Frío, nieve, viento gélido… Con este panorama, a priori lo único que apetece es quedarse en casa, taparse con una buena mantita en el sofá, y hacer acopio de caldos calentitos. Pero… ¿de verdad te quieres quedar encerrado todo el fin de semana? Es la pregunta que me acabo de hacer y he decidido que no, que hay planes para los días libres de invierno que también te pueden hacer perder el frío…

Un paseo bien abrigados por El Retiro, el Paseo del Prado, con parada obligatoria en el Reina Sofía (o el Prado, o el Thyssen, o el CaixaForum, o los tres). Y digo el Reina Sofía porque justo a su lado está uno de los locales más emblemáticos de Madrid para coger fuerzas y seguir adelante: El Brillante. Bocadillos sin igual rezaban hace años algunos de sus carteles. Pues bien, no sé si tienen comparación, y para ser sincera no son los mejores que existen en la capital, pero si tenemos en cuenta la relación calidad-precio y ese aura de leyenda que llevan sobre sus espaldas, bien vale la pena entrar, sentarse frente a la barra metálica, hacerte a la idea de que saldrás oliendo a fritanga sí o sí, y pedir lo típico: “Un bocata de calamares, por favor”.

El brillante, camarero

Al medio minuto lo tendrás frente a ti como tiene que estar: con los aros de calamares bien doraditos, caliente, el pan sólido y tierno a la vez, y partido en dos para que lo puedas agarrar bien y no salga nada volando. Con o sin mahonesa, eso es al gusto ya que ahora te dan los sobrecitos que le puedes echar a granel. Y si tras este pequeño manjar tan típico madrileño (a mi que soy de una zona con mar siempre me ha parecido una paradoja que sea el bocata más famoso por estos lares y aún estoy esperando a que alguien me resuelva esta incógnita) puedes coger tus bártulos y seguir tu periplo cultural. O si ya estás cansado de recorrer museos y se te antoja imposible seguir enfrentándote al frío, siempre te puedes acercar a cualquier tetería de Lavapiés y entrar en calor. Pero este ya será otro post…
El Brillante. Glorieta del Emperador Carlos V, 8. Madrid.

Créditos de imagen: Fernando Álvarez.

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