No suelo hablar de series españolas, por la sencilla razón de que no veo muchas. No es por cuestión de prejuicio. Bueno en realidad sí. Las series americanas me parecen mejores. Lo que por otra parte es una obviedad, dado que no se pueden comparar los mimados productos de las cadenas de cable americanas que veo, con las atribuladas producciones de las cadenas españolas generalistas. Claro que en realidad si se pueden comparar, y ese es el problema. Porque no hablamos de la misma liga, aunque sea el mismo deporte. Pero a veces ni siquiera es el mismo deporte.
De hecho las diferencias entre la ficción americana y la española no tienen ningún misterio. Hay más series americanas buenas que españolas buenas, primero porque hacen muchas más, su industria audiovisual es varias veces la nuestra. Su público es mucho más amplio, lo que en España sería una serie minoritaria de una cadena de pago, en EE.UU. también es una serie minoritaria, pero esa minoría es de cinco a seis millones de personas, de las dispuestas a pagar además, lo que hace viables esos proyectos. En EE.UU. hay más escritores de talento que en España, porque allí hay muchos más escritores, en general, que aquí. El porcentaje de talento no tiene por qué diferir mucho, el número bruto es obvio que sí. Ergo lo esperable es que la cantidad de series buenas sea mayor.
Pero hay otro factor que no deja de tener influencia. La televisión lleva instalada en los hogares Estadounidenses unos cuantos años más que en España. Además, siempre ha sido más plural que la nuestra durante unos buenos cuarenta años. No hubo televisión privada en España hasta bien entrada la democracia. Ello conlleva un retraso. No de talento obviamente, sino de industria, que se ha tenido que ir adaptando a unas reglas, que en muchos casos se han ido escribiendo sobre la marcha. La ficción televisiva en España apenas se está empezando a regularizar, mientras que en América hace décadas que tienen claro lo que dura un drama y lo que dura una comedia, los episodios que tiene una temporada de cable y de televisión en abierto, las series que se emiten en horario de máxima audiencia y las de relleno de las parrillas. En España en ocasiones se ha obligado a hinchar la duración de los episodios hasta hacerlos más largos que algunas películas, en series que empezaron con una duración por episodio mucho más racional. Que incluso empezaron como producto de relleno y cuyo éxito lanzó de cabeza al prime time. Y que le vamos a hacer, tratar de imprimir la calidad de Los Soprano, A dos metros bajo tierra y Mad Men en unas condiciones tan diferentes de producción, es pedir que hagan cuadros de Velazquez con las ceras de párvulos.
Que es más o menos lo que le piden a cualquier serie española, especialmente si es de época. Porque no hay nada más fácil de criticar que una serie histórica en España, sobre todo si recuerda a alguna adaptación que venga de América, o Inglaterra para el caso. Aunque en rigor lo que cuente no tenga ni la más remota relación. Dejo ya de hablar en clave, estoy hablando de Hispania. Desde que empecé a enterarme, por las promociones y noticias varias, de que esta serie se iba a poner en marcha, he de admitir que por primera vez en mucho tiempo me picó la curiosidad por una serie española. Uno tiene prevenciones y manías como todo hijo de vecino. Pero viendo esta serie me he dado cuenta de que, efectivamente, tenía muchas prevenciones y prejuicios. Porque Hispania es una buena serie.
Es buena, entre otras cosas, porque la premisa de partida es buena, simple, pero buena. Hacer una historia de aventuras con las andanzas de Viriato es una idea sencilla, pero inteligente. No sé si es la primera vez que se intenta, pero desde luego es la primera que se intenta con éxito. Resulta extraño como la historia de este heroe, resistente al invasor, respetado y temido por ellos, no ha tenido más transcendencia en ficción, ni siquiera en la literaria. Es una gran historia, tiene un final triste pero muy conocido y popular, suficientes hechos reales y lagunas históricas como para urdir un gran relato de aventuras en torno a un heroe legendario. El William Wallace de Braveheart no tiene mejor prensa que Viriato, ni mejores cronistas. Su única ventaja es que era escocés y no lusitano. Claro que solo es una ventaja en el mundo anglosajón. Gracias a que las andanzas de Viriato no están registradas en territorio británico, los guionistas de Hispania han podido recoger este caramelo de personaje antes que nadie, y ya era hora, más de 2000 años después de su muerte. Que sea esta la primera vez que usamos este personaje para una obra ambiciosa no habla precisamente bien de los creadores españoles.
Pero no solo la idea de partida ha sido buena. Hispania, pese a no ser una serie especialmente cara, si que es una serie cuidada, en los aspectos que lo tiene que ser cualquier serie: guión, actuación y montaje. El guión combina con bastante pericia la aventura con las intrigas, se acerca al folletín pero sin sobrepasar los límites, y es obvio que la preocupación principal es el ritmo. Lo que no es de extrañar, dado que cada capítulo dura como mínimo una hora y cuarto sin anuncios y hay que evitar el aburrimiento. Esto lleva a que algunas soluciones de conflictos sean apresuradas, pero de momento han conseguido no retorcer la verosimilitud de la trama. El principal punto flaco, que se repite de otras series de la productora bambú, especialmente en Guante Blanco, es la poca naturalidad de los dialogos, no de los actores, que se sienten cómodos en los personajes. Pero el abuso de adverbios en mente y de verbos como anhelar, en un intento de sonar a antiguo, resulta a veces difícil de asimilar, en personajes que son pueblo llano, nada urbanitas ni especialmente cultos.
Que el español ni siquiera existiera como lengua, en la época en que se ambienta la serie, no me parece razón para que no se utilicen giros del idioma más creativos y expresiones menos tópicas de la televisión. Los romanos y los lusitanos no pueden hablar en idiomas diferentes, porque eso haría difícil escribir una serie de buenos y malos interactuando tan a menudo, pero si sería conveniente distinguir la clase social de cada uno por la forma de hablar. Los romanos con dialogo en la serie casi siempre son de clase alta, los lusitanos no.
Por esa razón me han parecido las críticas a Juan José Ballesta un poco fuera de lugar. Su personaje es un chaval, es joven, impulsivo e ingenuo, y así es como habla su interprete, no con acento de extrarradio madrileño, una crítica que de tan equivocada es hasta sorprendente. Se ve que algunos preferirían que hablase como recitando a shakespeare, pero shakespeare hacía hablar a nobles, reyes y césares, no a pastores lusitanos. Sería una extraña convención, y es desde luego bastante injusto para el actor y la serie. Pero no solo es defendible el trabajo de Ballesta. En general el reparto se está comportando con una profesionalidad muy elogiable, a destacar Lluis Homar como Galba y Roberto Enriquez como Viriato. Pero que los actores estén bien es fruto no solo de lo buenos que sean, sino de lo bien que está hecho el casting. Porque los actores son muy apropiados a los personajes y ninguno parece una estrella impuesta que desentone. A Natalie Poza le costó hacerse con el personaje más que a los demás, lo que compensó con un exceso de método, pero ya en los últimos episodios está más entonada y siempre le ha ayudado el ser muy adecuada para el papel, igual que todos los otros actores.
Pero quizá el aspecto más notable de Hispania es que sus escenas de acción están realizadas y montadas con mucho brío y bastante habilidad. Sorprende porque solía ser un defecto habitual en muchas series españolas, incluidas las series policiales. Escenas de tensión alargadas hasta el ridículo, trifulcas confusas o blandas, efectos deslucidos y apoyarse demasiado en la interpretación de los actores, para conseguir el efecto emocional en un momento de acción, eran errores muy comunes. Con Hispania sin embargo el trabajo es muy bueno, las escenas de acción son cortas pero intensas, la situación y lo que hacen los personajes está bien descrito, pero sin perder la sensación de violencia y rapidez. Esto unido al preciosismo de la fotografía y una música que combina lo épico y lo evocativo, sin resultar ramplona, hacen que el paquete completo de la serie sea más homogéneo.
Esta última quizá es la razón por la que Hispania merece que se le de el crédito que habitualmente le damos sin pensar a cualquier cosa americana. Porque el paquete completo está muy bien envuelto y tiene aspecto de cosa terminada en el exterior. Luego el correr de capítulos pone cada cosa en su sitio. Hay series americanas, con una imagen excelente, que no son mejores que Hispania. El mentalista es peor que Hispania, Bones es bastante peor, Flash Forward tenía un piloto impactante y al cuarto capítulo ya era insoportable, Hispania ya hace tiempo que dejó atrás ese metraje. Sus perspectivas son buenas, y si los guionistas se van soltando cada vez más, aprovechándose del éxito, no repitiendo tanto estructuras como la de liberar a alguien de los romanos, por ejemplo, permitiendo que Viriato tome decisiones más duras y recomendables, no siempre la más compasiva, continuar con la línea truculenta en el campamento romano, pero sin que les coma la serie entera, es posible que destro de algún tiempo hayan creado un clásico de la televisión. Y no solo de la española. Si continua el éxito de esta primera temporada, espero que la segunda sea mucho mejor, y que los chicos de bambú apuesten fuerte por ello.











no se si hemos visto la misma serie, pero desde luego no hemos sacado la misma conclusion, tal vez esperaba mas despues de tanta propaganda pero me parecio mal preparada y…….vamos me desilusionó, la verdad es que solo vi el primer capitulo y me borré
¿Y qué series te gustan a tí?