¿Quien no recuerda esos enormes ojos de los dibujos japoneses?¿esas intensas miradas de Heidi y Marco? ¡Que leches!¡hasta el mono Amedio tenía unos ojazos que más de uno que yo conozco querría! Pues ese trazo que tenemos tan marcado en el recuerdo tuvo en Hayao Miyazaki, dibujante y fundador de los estudios Ghibli, uno de sus mayores aliados para popularizarlo por todo el mundo. Y no sólo son Marco y Heidi, también Lupín, Conan el niño del futuro o Ana de las Tejas Verdes, por no hablar de sus películas: Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, Porco Rosso, El Castillo Ambulante… la lista es tan larga e impresionante que no acabaría nunca. Hay que reconocer que Miyazaki no es muy conocido para los no aficionados a la animación, pero este hombre es toda una institución y su estudio Ghibli, un referente. Yo de manga no conocía mucho a parte de lo que todos los chavales de mi edad: Bola de Dragon, Oliver y Benji y Los caballeros de Zodiaco. Pero un buen día un gran amigo me dejo un VHS con la película La princesa Mononoke (siempre te lo agradeceré Fredi). La película me impresionó tantísimo que me puse a buscar cosas de Miyazaki como un loco. Hasta hoy. He perdido la cuenta de las películas suyas que he visto, y aunque sigo sin ser un gran aficionado al manga, me emociono como un niño cada vez que este genio japonés saca algo nuevo. Por eso cuando me enteré de rebote que había sacado una nueva película tras la que yo creía había sido su retirada (Ponyo en el acantilado) hice todo lo posible para asistir al pase. Esta semana llega a nuestras pantallas Arrietty y el mundo de los diminutos, pero hay una pega, Miyazaki sólo se ha encargado del guión, aunque tras tantos años los trabajadores del estudio Ghibli han asimilado bastante bien el estilo de su fundador.
La película mantiene intacto todo el estilo Ghibli y Miyazaki. Es un despliegue de arte en cada fotograma y la sucesión de escenas es como un caleidoscópico viaje al interior rural de Japón. A esto ayuda una mágica banda sonora creada por la compositora de música celta francesa Cécile Corbel. A pesar de todo esta película es quizá la menos “extraña” de Miyazaki, supongo que porque en realidad él no la ha escrito. Las típicas historias del japonés desbordan magia e irracionalidad por los cuatro costados, algo de lo que indudablemente carece esta película. También quizá el hecho de que sea una historia ya por todos conocida tras los dibujos de Los diminutos (“los diminutos, nunca sabes donde están, pequeños seres bondadosos…”) o la infame película de Peter Hewitt, los Borrowers en la que John Goodman hacía de malo, todas ellas basadas en la novela homónima de Mary Norton. Aun así en Ghibli se las apañan para hacer una película que se desmarca bastante de sus precedentes audiovisuales y ofrece una historia entretenida y cautivadora. Una entrada para esta película equivale a un billete para dos horas a un mundo paralelo de magia y encanto. Especialmente recomendable para enamorados del arte de Hayao Miyazaki como yo.
P.D.: También ha sido todo un descubrimiento la francesa Cécile Corbel y su hipnotizante y relajante música celta.
Puedes ver el trailer aquí
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Otros estrenos de la semana:
- El árbol de la vida de Terrence Malick
- Los amos de Brooklyn de Antoine Fuqua
- La cara oculta de Andrés Baiz
- Cómo acabar con tu jefe de Seth Gordon








