Hace solo un año, ver una serie como esta en Antena 3, en horario de máxima audiencia, hubiera sido indicador de serios problemas mentales. No cabía en la cabeza. Un año después no solo cabe, sino que también han emitido el segundo episodio a la misma hora y el mismo día. Háganse cargo. Una serie ¡Inglesa! ¿Cuánto hace que no ven una serie inglesa en la tele nacional a la misma hora que se programa “Los serrano” o “Gran hermano”? Una serie de ¡Época! Pero de época, no de la segunda guerra mundial, ni de las tribulaciones de la familia real inglesa en annus horribilis ni cosas así. Que va. De la época del Titanic nada menos, y además de pueblo. Y por si fuera poco sin una sola estrella. La única actriz medianamente conocida en España es Maggie Smith, legendaria secundaria, bastante madura, que ya no tiene edad para sostener una producción por sí sola, y su nombre no es ni de lejos garantía para atraer al público televisivo español.
Pues con estos ingredientes se han atrevido a apostar por ella, y encima les ha salido bien. Bien hecho. Downton Abbey merece mucho la pena. Cierto que no ha sido una apuesta tan descabellada, dado el éxito que arrastra de su pase en la televisión inglesa, donde ha tenido audiencias increíbles. Pero, frente a los tópicos sobre lo que funciona y no, en la televisión de nuestro país, es toda una bofetada en la cara. Claro que la aparente excentricidad de la propuesta no lo es tanto una vez entrados en harina. Sobre todo teniendo en cuenta algunos gustos de la audiencia española.
Cierto es que ves el principio de la serie e inmediatamente te remite a las meticulosas y preciosistas películas inglesas de James Ivory, particularmente a “lo que queda del día” y otras sobre las clases dirigentes y sus sirvientes, en la etapa del imperio británico. Películas que han disfrutado de cierto éxito, pero nada que llevase a pensar que volvería locos a los españoles. Pero hay algo muy reconocible para muchos espectadores españoles en esta serie, sobre todo los de más edad, esos que más de una vez determinan que tipo de productos son para toda la familia en España, y desgraciadamente que tipo de humor tiene que tener, por ejemplo, Aida. Porque bajo su excelente factura, preciosismo formal y calidad del trabajo, Downton Abbey no oculta lo que es en absoluto. Una historia enrevesada de los amores de una aristócrata, con su fortuna en juego, por un hombre de clase inferior, que por azares del destino tiene la llave de su futuro, y el de toda su familia. Entremezclada con la historia paralela de los sirvientes de la casa, con sus propias intrigas para medrar y mantener la dignidad frente a los prejuicios de la clase superior, a la que sirven y sufren. Qué cosas.
No me digan que no les resulta familiar. Que este tipo de argumentos se ajustan como un guante a un género perfectamente reconocible. Sí, eso es: ¡Es un culebrón! Un culebrón con todas las letras además. Incluso con hermana celosa y cabrona y rivalidades entre suegras. Pero como todas las grandes obras, que se asientan en un género popular, Downton Abbey lo renueva y lo transciende. Hace algo que es muy importante para la credibilidad de cualquier producto cultural. El cariño y el detalle con el que se tratan todos los elementos de la serie.
Da igual lo folletinesco que sea el argumento. Si los escenarios parecen llevar siglos plantados en su sitio, si la ropa les sienta como un guante a todos, porque es la suya, si los criados parece que se han dedicado a su oficio toda la vida, hagan lo que hagan nos lo creeremos. Si además se mueven en un mundo de automóviles sin servofreno, teléfonos antediluvianos y locomotoras de vapor, al que los personajes están más que acostumbrados, no puede uno sentirse más transportado a ese mundo. Cuente la historia que cuente. ¿Es enrevesado el argumento? Por supuesto, esta es la gracia de los seriales, pero también es fácil de seguir, debido a la gran diferencia con un serial al uso. Frente a miles de capítulos y un argumento extendido a lo largo de años, Downton Abbey solo dura siete episodios en su primera temporada, y le da tiempo a cubrir casi cuatro años de existencia de los personajes. Lo que indudablemente hace fácil recordar el argumento de capítulos precedentes, pero a su vez también permite que cada capítulo tenga su propia identidad, que sea distinguible de los otros por algún argumento interno y no por la trama general.
Downton Abbey no cuenta una sola historia, retorcida hasta la extenuación, para dar cabida a la vida de todos los personajes. Downton Abbey cuenta varias historias, que se interconectan entre ellas, pero que no pierden su independencia. De tal manera que no hay personaje que nos parezca más importante ni menos digno de atención. Del gran señor a la última criada, todos tienen su momento en esta serie, todos tienen un rasgo de humanidad reconocible, todos tienen su parte particular en la historia. Y finalmente todos son necesarios para retratar al otro personaje de la serie: La época ya pasada en que se asienta. Una época de rápidos y sorprendentes cambios asentada entre dos tragedias, la del Titanic y el inicio de la primera guerra mundial. Al igual que Mad Men pero de una forma totalmente diferente, Downton Abbey es una serie sobre el cambio de los tiempos y el cambio de las relaciones de clase, y ese es su verdadero tema. Aparte de una excusa magnífica para un culebrón.










Esta vez si que estoy absolutamente de acuerdo contigo, vaya serie, engancha, esta bien ambientada…….., bueno ya lo has reflejado tu y mucho mejor que yo, ME ENCANTA