Este fin de semana he recibido la más que agradable visita de mi Talaverano favorito. A pesar de ser yo la que está viviendo en Madrid, son aún las visitas las que ejercen de anfitriones en la ciudad y las que eligen plan.
Así que el viernes, bajo la recomendación de mi visita, nos fuimos al teatro Arlequin, en San Bernardo, a ver algo que rompe totalmente con el concepto que tenemos todos de obra de teatro: Jamming.
Podéis meteros en google y teclear su nombre, que os llevará directamente aquí. Eso fue lo que hice yo, curiosa, antes de ir a verlo. Pero las sensaciones una vez allí fueron diferentes.
A la entrada del Arlequin, nos entregaron a todos unas tarjetitas en blanco y un bolígrafo. ¿La finalidad? Escribir un título o una frase a partir de la cual los actores iban a empezar a crearlo todo.
Cuando entramos, los actores se presentaron, conectaron rápidamente con el público y nos metieron en ambiente totalmente de una forma muy original. Ya que todo iba a ser creación, locura e improvisación, nos propusieron que cuando contaran hasta tres, cada uno nos presentáramos a alguien totalmente desconocido en la sala. Y así fue. Yo saludé a la inglesa de mi derecha, que no paraba de reír. El chico de delante se giró, me dijo su nombre, me sonrió y añadió un: “esto promete”. Y así era, puesto que el buen rollo invadió todo el teatro bajo la sensación de que lo íbamos a pasar genial, y no defraudaron.
Se subieron al escenario Juanma Diez, Ana Morgade, Lolo Diego y Paula Galimberti, junto con la ayuda de un técnico improvisador que se encarga de la luz y el sonido. Cada uno de ellos escoge al azar una tarjeta de entre el público, lee la frase y garantiza ser capaz de incluirla a lo largo de la noche de una forma convincente. Esto, que no suena a priori muy complicado, puede parecéroslo más si os digo que las ocurrencias del público van desde un: “Athletic, más que un sentimiento” a “te arde la teta porque la tienes metida en la sopa”. A partir de ahí todo se va complicando cada vez más. El público, con sus frases, escoge la temática de lo que va a pasar a continuación, que se va construyendo sobre la marcha después de un tiempo jamming, de no más de un par de minutos, en el que los actores eligen cómo empezar. Sin hablar entre ellos, sin preparar nada previamente, se van siguiendo el rollo los unos a los otros hasta acabar montando una escena lógica y creíble. A lo largo de las casi dos horas que dura el espectáculo, los espectadores van tomando mayor partido del asunto, eligiendo también el estilo en el que se desarrolla la acción: cine argentining, pixaring, gitaning, culebroning…. El escenario, e incluso la postura de los intérpretes.
El resultado de todo este popurrí deja boquiabierto a cualquiera. Así que por un ratito, me convierto en vuestra anfitriona de Madrid para recomendaros que os acerquéis a verles a la calle San Bernardo. Los encontraréis allí todos los viernes y sábados por un precio más que asequible. ¿Os lo vais a perder?









Gracias Vir por tus palabras. Es un placer tener gente que nos da tan buena energía para poder hacer nuestras “locuras”.
Un besing