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Misfits

Misfits

Misfits es la serie de adolescentes más sorprendente que se haya hecho nunca y también es de largo la mejor. ¿Qué tiene Misfits que la diferencia del inmenso lodazal de su género? Nada en absoluto. Tiene todas las características de cualquier otra serie dirigida al mismo público. Solo que no te trata como si fueras imbécil. Lo cual es una inmensa cortesía si la comparamos con las bienpensantes, moralizantes, falsamente educativas series sobre jóvenes y guapos californianos, patológicamente libres de acné. En una serie de estas, si un personaje toma drogas, habitualmente acaba con una moraleja sobre lo malas que son, y por supuesto no vuelven a tomarlas en la vida. En Misfits toman drogas porque son adolescentes inmaduros e inadaptados, de clase baja y en riesgo de exclusión social. Es decir, por motivos comunes y reales. No porque hay que hacer un capítulo levemente dramático sobre el peligro de las drogas. Que las drogas son peligrosas es algo que el guionista de Misfits asume que todo el mundo debería saber a estas alturas. Si los protagonistas de Misfits toman drogas no es porque te quieran dar una lección y a todos les sienten mal. Es porque son ignorantes, un poco tontos, y porque, para que negarlo, les divierte. Es decir, porque son adolescentes y es lo que adolescentes como ellos hacen. En Misfits además se da una curiosa paradoja. Nunca he visto adolescentes más realistas que en esta serie. Los chicos de Misfits, no sobresalen por guapos, tienen una obsesión sexual muy acorde a su edad, apenas saben nada de nada, se rebelan fácilmente y se meten en problemas casi sin saber cómo, dada su adecuada inmadurez. Son el tipo de adolescentes que uno se puede encontrar en cualquier instituto. Incluso peores, porque los de Misfits son delincuentes juveniles, que tienen que hacer servicios sociales. La única diferencia con la realidad es que tienen superpoderes.

Misfits, por Samuel Baldeón

Aquí está el secreto de Misfits: Es una serie de ciencia ficción. Se acumulan tramas sobre superpoderes y viajes en el tiempo y de paso también elementos de thriller de terror. El realismo de los personajes ayuda a que nos identifiquemos, que tengan supepoderes es el ingrediente molón. Adolescentes normales no quieren ver a unos desgraciados como ellos. Pero si esos adolescentes reciben por azar superpoderes, la cosa cambia. Siguen teniendo los mismos problemas para ligar, para confiar en los amigos, para no cometer errores que arruinen sus vidas. Pero que tengan superpoderes les hace distintos. Además no son superpoderes cualquiera. Lejos de inspirarse en los de superhéroes clásicos del comic, los superpoderes de los chicos de Misfits no son aleatorios en absoluto, sino que están íntimamente ligados a la personalidad de cada uno. El ejemplo más claro es el personaje de Simon, tímido y huidizo, que puede volverse invisible a voluntad. Los poderes reafirman su personalidad, pero por contra también reafirman su estereotipo. Algo de lo que se hacen conscientes estos chavales, y lo peligroso que es estancarse en ello. Así pues, deciden usar sus poderes para lo más útil que pueden usarlos. No para luchar contra el mal o el crimen. Eso sería absurdo, dado que ellos mismos son criminales de poca monta. Sino para evitar y corregir los errores a los que su inmadurez les conduce. Y eso, para que negarlo, es el sueño de todo adolescente, tener un poder que al menos te de la posibilidad de arreglar tus problemas.

Misfits además añade un ingrediente muy sabroso a este ecléctico potaje, y es una medida inclusión de referencias a la cultura popular. Desde la máquina del tiempo a King kong, de La invasión de los ladrones de cuerpos a Joy División (El personaje de Simon, nuevamente, es casi una parodia de Ian Curtis) Pasando por una selección musical con lo mejor de la música británica de los últimos 30 años. Misfits reúne tantos elementos atractivos, que es casi un milagro que los combine sin caer en el ridículo. Pero lo hace, y eso permite que sea una fabulosa serie si eres adolescente, y también un fabuloso entretenimiento si no lo eres pero lo has sido.

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Escrito por:

Samuel Baldeón - que ha escrito 14 posts en eresmadrid.

Estudió filología hispánica en Oviedo, le encantan los libros que le convierten en un coloso del Trivial. Trabaja en la industria del cine con un horario y puesto fijo. Ultimamente prefiere las series. Vive en Madrid porque es la ciudad más grande de España, si hubiera una más grande probablemente se mudaría.

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