Antes no se veían series en verano. Al menos era lo que asumían las cadenas de televisión. Y las cadenas eran la única vía para poder ver series. A la hora que ellos querían y en la época del año que más les apeteciera. El verano era tiempo de vacas flacas. Las series de más presupuesto y más audiencia se emitían en invierno y antes de junio ya habían acabado casi todas. Las series, que empezaban en verano, solo eran vehículos para cubrir huecos en las parrillas, hasta la llegada de las nuevas temporadas. Eso en América. En España durante un tiempo y solo dos cadenas, las series de verano eran series que habían triunfado en América en invierno, pero cuyo mayor público en España solo podía ser el infantil, y por eso se emitían después de la hora de comer y en verano.
Las más recordadas eran El coche fantástico y El equipo A. Pero hubo muchas, de planteamientos similarmente ingenuos, que habían fracasado en el mercado invernal americano, vaya usted a saber por qué, y que eran igual de malas. Me vienen a la memoria El trueno Azul y El halcón callejero, y una del oeste que no recuerdo ni el nombre. Me encantaban todas, eran de buenos y malos, había motos, coches espectaculares y llamativos y gente que hacía cosas muy chulas, repetidas en cada episodio. Pero una nublada sobremesa llegó una serie de nombre Cristal y el culebrón venezolano le seguía. Y ya nunca más tuvimos series para los chavales, en un horario decente antes de irnos a la playa o la piscina. Bueno alguna hubo, pero eran reposiciones.
Para mucha gente la serie de verano por excelencia es Verano Azul, que parece que traumatizó a varias generaciones con su record absoluto de reemisiones. No sospechan muchos, me temo, que la serie se emitió en invierno por primera vez. Y que el trauma de la muerte de Chanquete se dió allá por febrero, pero es evidente que en su título llevaba su condena. Desde entonces ver series en verano se ha convertido en otra cosa, pero fue un proceso gradual.
Primero se afianzó el hecho de que una serie de máxima audiencia no tenía por que ser de baja calidad, la culpa fue de Twin Peaks. Luego llegó la televisión de pago y se descubrió que las series podían ser adultas, A dos metros bajo tierra y Los Soprano nos convencieron. Luego llegaron los cofres de DVDs, las descargas de internet, y la posibilidad de ver las series cuando queríamos o nos apeteciera. Desde entonces, ver una serie en verano ha vuelto a ser un placer.
No todas las series sin embargo casan bien con el verano. Cuando el calor nos aplana, no son series intensas, de policías al borde del peligro o de médicos enfrentados a los peores dramas, las que apetece ver, tampoco comedias alocadas y urbanas de gente frenética. En cambio series de ritmo lento, en las que pasan pocas cosas pero sustanciales, en las que hay más por debajo de lo aparente, que se disfrutan más acompañado que solo, son una forma de refrescarse en las veladas calurosas.
Tres series son mis preferidas para el verano. Dos de ellas ya están finalizadas y la tercera es una de las mejores en curso. Una ya la he mencionado. A dos metros bajo tierra nos permite poner las cosas en perspectiva. Cada inicio de capítulo muere alguien, de muerte violenta, natural, absurda o triste. De cualquiere manera, el tono que te da es reflexivo, no hay nada que te baje más la tensión y reduzca la temperatura que pensar en la muerte. Otra serie ideal es Mad men. En Mad men nunca pasa nada. Las rutinas se repiten, las convenciones se acatan. Y cuando todo está tranquilo, un estallido de realidad deja todo patas arriba. Mad men mantiene tu atención porque nunca sabes cuando va a ocurrir algo, pero sabes que ocurrirá, es inevitable. A los protagonistas de Mad men solo les queda esperar a que los nuevos tiempos se les lleven por delante, como una marea que sube a un ritmo inapreciable, pero que tarde o temprano llegará a tu toalla. Pero la serie que prefiero para los veranos es la más antigua, emitida poco después de Twin peaks y que en sus inicios era una de esas series de relleno veraniego, que tuvo tanto éxito que se convirtió en una serie de temporadas largas. Pero en España la conocimos sobre todo porque se emitía en los veranos, ya de madrugada, la veías antes de dormir y te acostabas siempre de buen humor. Era una comedia, pero no de risa frenética, era rara pero no alienaba, era intelectual, pero no pedante. El tiempo en la serie era ligero y flexible, el clima en pantalla era despejado y refrescante. Las historias eran humanas y carentes de gravedad. Todo ello hacía que antes de acostarte en verano tus pensamientos fueran claros y te sintieras mejor persona. La serie era Doctor en Alaska y los veranos mucho mejores con ella.
Háblanos de tu serie de verano preferida








Pues yo me quedo con Verano Azul. Vaya panzada a llorar con Chanquete
El Equipo A