O era un genio de la moda, o en realidad Yves Saint Laurent no murió y continúa trabajando en la mayor parte de empresas de moda que conozco. La influencia que sus creaciones han tenido en el universo textil desde finales de los cincuenta hasta hoy es brutal; Por eso, la fundación Mapfre, con la colaboración de Pierre Bergé -pareja del modisto fallecido en 2006- exhibe desde el pasado 6 de octubre una retrospectiva sobre las rupturas estéticas y universos creativos propios de uno de los diseñadores con mayúsculas del siglo XX: Yves Saint Laurent.
“Chanel liberó a las mujeres, Saint Laurent les dio el poder”. Este mantra se repite constantemente entre conocedores del mundo de la moda porque el diseñador, primero al frente de Dior y más tarde como director creativo de su propia marca, las liberó de la dictadura de la cintura de avispa. Además, introdujo el pantalón en su armario sin restarles femineidad y convirtió en un must de lo más seductor una prenda tradicionalmente masculina: el esmoquin, usándolo casi como buque insignia y reinventándolo hasta la locura.
Esta extensa exposición se articula en torno a dos ejes: por un lado el proceso creativo de Yves Saint Laurent y sus influencias, y por otro sus creaciones y su evolución cronológica. Para ello se presentan casi 150 modelos, pruebas de tejidos, bocetos y decenas de fotografías de autores de prestigio que o bien lo fotografiaron a él o a su obra (Irving Penn, Avedon, Helmut Newton, Jeanloup Sieff…). Incluso podemos visitar una recreación de su escritorio en el taller de costura que regentaba, para comprender mejor lo tradicional de su genio creativo.
Partía siempre de un dibujo, en el que visualizaba el acabo final y elegía el tejido y el estampado. Este proceso se puede ver en los bocetos, en los que se ve perfectamente la evolución y las modas en las sucesivas décadas, con el denominador común de los acabados limpios y estructurados, marca de la casa. A continuación se fabrican los toilès (maquetas del modelo en cuestión realizadas en algodón blanco) para poder decidir los posibles cambios y acabados de la prenda, que se realizará finalmente en el tejido y con el estampado decidido. Podemos ver también algunos de estos procesos intermedios, así como muy variados patrones de sombreros, también muy propios de la casa. Esto es, realmente, una magnifica descripción del proceso creativo de Saint Laurent, en una especie de Stop-motion en vivo.
En cuanto a los modelos acabados, abarcan desde su etapa Dior (1955-1958) hasta el momento en que se retiró -2002- y son en parte donaciones de celebridades verdaderamente adictas a la aguja de Yves: Hèlene Rochas, Paloma Picasso, Grace de Mónaco o Catherine Deneuve (con la que compartía además una gran amistad). A través de ellos podemos ver sus influencias -sus viajes interiores, que lo llevaban a realizar colecciones con temáticas africanas, rusas, españolas o indias-, su gusto por el arte -referencias claras a Picasso, Delacroix, Goya o Warhol, además de sus célebres (y mil veces copiados) vestidos-trapecio con estampado de Mondrian- y su visión de la reinvención y decadencia de la haute couture decimonónica: “la alta costura está muerta” ha llegado a decir Pierre Bergé.
Así dicho, parece cargante y denso, pero en realidad, a través de todos estos trajes de día y largos vestidos de noche, podemos apreciar la versatilidad de Yves Saint Laurent que hace que diseñe para cada mujer pero que no lo haga para todas las mujeres. Sus creaciones permiten que cada una pueda desarrollar su estilo propio; sin embargo, sus tejidos son siempre nobles y con caída -lamé, crepe, tafetán, satén…- y sus figurines son siempre elegantes y sensuales -no en vano él introdujo las transparencias en la moda en 1968-: no cualquiera sale bien parada si se enfunda un YSL y echa a andar con uno de sus sombreros y sus zapatos de tacón ancho.
Por todo lo que intento describir con palabras -siempre subjetivamente- esta ocasión es digna de aprovechar. Es raro encontrar una exposición de estas características -con la moda como tema, tan banalizable- tan bien comisariada: con rigor y gusto estético, permitiendo ahondar tanto en la figura creadora de Yves Saint Laurent, como en sus creaciones y fetiches. Y es accesible a todo tipo de público: llenará el ojo de cualquiera y hará llorar a más de un fashion victim. ¿Por qué no entrar en una lujosa casa -crisol de estilos- a medio camino entre el activismo feminista y El Gatopardo?








