Mi primer contacto con la comida de los chicos de Pizzaiolo fue como el de la mayoría de vosotros: devorando una porción de pizza comprada en su local de la Plaza de San Ildefonso. Poco después descubrí sus cannoli, me arrodillé ante ellos, y abrieron otra tienda en Espíritu Santo. Hasta que un día alguien me desveló que este pequeño emporio nació con un modesto restaurante en la calle Hortaleza. Y allá que nos fuimos.
El local, pequeño pero cálido, se llenó en menos de 15 minutos. Los camareros, simpáticos. Y la comida… sabrosa. Inspirados por el aire siciliano nos decantamos por dos pizzas muy mediterráneas: una de berenjenas y ricota, y otra con jamón serrano y alcachofas. Las dos estaban buenísimas por lo que se merecían ser regadas con un Lambrusco tinto (preferencias de mi partner). Para salir de allí todavía más contentos pedimos un tiramisú, y acertamos.
¿Lo mejor de todo? La buenísima atención que recibimos por parte de los camareros, todos italianos y divertidos. Ah, y las pizzas claro, pero esas ya sabíamos que iban a estar buenas.
C/Hortaleza, 84. Madrid.
Créditos de imagen: Fernando Álvarez.








