Bueno, puede sonar a exageración, estoy de acuerdo con vosotros, pero esa es la impresión que me queda después de conocer no sólo cuál será el futuro de la tecnología móvil de aquí a pocos meses. En realidad, ya está aquí, no tendremos que esperar tanto como en aquel vídeo tan divertido que apuntaba a las posibilidades del iPhone en 2020, donde los actores del supuesto spot se afeitaban con él, se secaban el pelo o hasta se echaban kétchup en su hamburguesa. Nuestro móvil, ese que empezábamos a usar a finales del siglo pasado (qué mal suena, si no hace tanto…) para simplemente llamar por teléfono sin tener que llegar a casa o al trabajo o buscar una cabina de teléfonos, y que pronto aprendimos usar para mandar eso que llamábamos mensajes (antes de que llegara el palabro SMS o el posterior MMS que incluía fotos o vídeo), se ha convertido en una herramienta indispensable para todos nosotros, para comunicarnos por teléfono, sí, pero también para navegar por Internet, consultar las cuentas de correo en cualquier momento, para desconectar con los videojuegos, hacernos la lista de la compra, consultar el tiempo, encontrar la calle a donde vamos o recordar dónde dejamos el coche.
Comentaba con un colega periodista el otro día que antes nos damos cuenta de que hemos perdido el móvil que la cartera o las llaves de casa o del coche. Y es cierto. Las llaves sólo se echan en falta cuando tenemos que abrir una puerta, la cartera cuando vamos a pagar algo o para identificarnos y demás. Pero el móvil… Para un periodista intrépido como yo, si en media hora no ha sonado o vibrado mi iPhone (ya sabéis mi pasión por la marca de la manzana), primero lo busco, lo localizo y miro a ver qué ha podido pasar, si estoy sin batería o por qué narices lleva media hora sin ninguna actividad.
Pues lo que hemos visto en el último mes de las operadoras con nuevos servicios de nuestro móvil lo hará sin duda más útil. Como pude comprobar en el pasado Mobile World Congress de Barcelona, Telefónica tiene ya listo un servicio para que nuestra tarjeta SIM, esa sin la que nuestro terminal no tiene sentido, incorpore los datos de nuestro eDNI, de manera que el móvil sirva para identificarnos, por ejemplo en el acceso a un edificio público, para recoger documentación pongamos en correos, para votar… Las posibilidades son infinitas. Eso sí, tendrá el mismo sistema de seguridad que el móvil, no os asustéis, de forma que necesitaremos un PIN para poder identificarnos.
Y lo último en llegar es, claro, con otro palabro: NFC. Según la señora Wikipedia, “Near Field Communication, una tecnología de comunicación inalámbrica, de corto alcance y alta frecuencia que permite el intercambio de datos entre dispositivos a menos de 10cm”. En cristiano, una tecnología del móvil para poder pasarle información a otro dispositivo simplemente con acercarlo, y que permitirá pagar con el móvil como si de una tarjeta de crédito, poder acceder por ejemplo a una oficina o a un parking, sacar una cocacola de una máquina de vending. Este sistema ya se probó el año pasado en la pintoresca localidad catalana de Sitges, donde 1.500 ciudadanos pudieron hacer distintas compras con su móvil en 500 comercios, y lo que me ha llegado por otros compañeros periodistas en los medios es que la cosa funcionó muy bien. Y lo último que se sabe del tema es de hace unos días, cuando Telefónica presentó lo que llamó Distrito NFC, es decir, poder utilizar el móvil para pagar en los distintos comercios de la ciudad de las telecomunicaciones de Las Tablas. De momento se trata de un piloto que ya usan 1.000 personas, según nos comentaron en la presentación, pero la idea es que los 12.000 empleados del complejo dispongan de ello, toda una apuesta por esta tecnología que nos hará la vida más fácil. Y si lo unimos a la reciente noticia de que las tres grandes operadoras de España acaban de suscribir un acuerdo para su uso, no es difícil pensar que para dentro de muy poco el móvil será también nuestro monedero.







