Se dice que la historia del cine de un país puede decir mucho acerca de la sociedad que lo habita. Entonces, la historia de los Premios Goya, la cita anual más importante de la cinematografía española durante los últimos 25 años, debe ser algo así como “25 años de historia española para Dummies”. La sala de exposiciones del Centro de Arte Fernán Gómez alberga hasta el 8 de enero ‘Viaje al cine español. 25 años de los Premios Goya’, y así descubro que, efectivamente hemos evolucionado; que “El viaje a ninguna parte”, además de ser una película genial, es también muy de su tiempo, y lo mismo pasa con “Dias Contados” o “Celda 211”.
La gran pregunta para una exposición como esta sería ¿Cómo organizar una exposición de estas características? Una exposición tan audiovisual no resulta fácil. Asier Mensuro (comisario de esta muestra) y su equipo han optado con más o menos acierto por una visión cronológica en la que lo único que es siempre es igual es la ficha de presentación de cada película ganadora del Goya a mejor película de cada año. De este modo, aunque el audiovisual ocupa un lugar prioritario, también nos introducen en recreaciones de decorados de “Pa Negre” o “Los otros”, nos muestra storyboards del equipo de arte, figurines del equipo de vestuario, fotos promocionales, fotografías de rodaje, proyecciones, maquetas… a su favor consigue que la muestra sea muy amena y que te acerques a cada película de un modo distinto, pero siempre invitando a verla y a aprender de ella; también -y esto es si cabe más interesante- enseñar al espectador todo el equipo que conforma una película, tanto a través de su trabajo, como de fotos del equipo: arte, vestuario, dirección, producción… Generando así la idea muy acertada de que una película es el resultado de una buena sincronización de un equipo muy extenso.
Como contrapartida, al utilizar sonido en casi todas las instalaciones, resulta desagradable, por ejemplo, asomarse al balcón de Pepa en “Mujeres al borde de un ataque de nervios” con el sonido del bandido Fendetesta (“El bosque animado”) de fondo. Y también, aunque esto no tiene demasiado que ver con la exposición, nos enseña que los Goya se caracterizan por tener claros ganadores cada año, lo que genera que haya grandes ausentes en esta exposición. No aparece, como debería aparecer en una exposición de estas características, nada de Pilar Miró, porque nunca ganó un Goya a mejor película -aunque si a mejor dirección-.
Por último, y a modo de despedida al visitante, podemos encontrar un video que recoge las distintas galas de los premios a lo largo de los años, para que, ahí si, veamos a todos los ganadores y parte del glamour que también embarga a estos premios.
En cualquier caso esta exposición tiene una función clara, que será la que consiga que yo vuelva con diferentes grupos de gente: callar la boca a todos aquellos que utilizan la coletilla esa de “a mi no me gusta el cine español, es todo tetas o guerra civil”. Sólo eso ya puede ser útil para añadir espectadores al cine patrio. A mi desde luego me han entrado ganas de ver las pelis que todavía no he visto ( y que se pueden ver, por cierto, en la Academia de Cine durante todo noviembre)








