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Antonio López, lo complejo de la objetividad

Antonio López, lo complejo de la objetividad

Antonio López es el mejor ejemplo de eso que decía Picasso, que a él la inspiración le pillaba siempre trabajando; el mejor ejemplo de que ser artista es un empleo a jornada completa. Solo así se explica todo lo que se puede ver en la retrospectiva que le dedica el museo Thyssen-Bornemisza (Paseo del Prado, 8). En esta exposición se puede ver, sobre todo, como Antonio López, además de mucho talento, tiene una gran formación y mucho trabajo a sus espaldas. Solo así puede retratar la realidad bajo el punto de vista desde el que él lo hace.

La obra del artista se presenta aquí cronológicamente en tres temáticas básicas: el árbol, Madrid y el desnudo. Y se da básicamente en tres formatos: pintura, escultura y dibujo. Lo bueno del arte es que se aleja de la matemática y de esta multiplicación no salen nueve opciones finales: salen infinitas. Así cada uno de los dibujos de sus árboles son precisos, pero orgánicos, casi mapas biológicos; las esculturas de sus desnudos son puramente naturalistas pero llenas de expresión e individualidad y la pintura de sus paisajes urbanos es fria y deshumanizada, pero porque ella misma evoca a una sociedad que no necesita ser mencionada. Así, su obra tiene un rasgo en común, que es una de las señas de identidad de Antonio López: es una obra compleja pero donde todo está a la vista.

Además la exposición, al ser una retrospectiva, tiene cierta ordenación cronológica que permite observar la evolución, no solo en temáticas, sino también en formas y, sobre todo, en en el uso de ciertas tonalidades. En este caso está distribuida en dos salas -una en la planta baja y otra en el sótano- y diferencia con ello dos tendencias del artista, que, más o menos se corresponden con dos etapas cronológicas.

En la planta baja, comienzo de la exposición, nos encontramos con toda una serie de trabajos de observación y representación más actuales. Sus famosos paisajes urbanos, acompañados de borradores y bocetos, que permiten apreciar la cantidad de trabajo que hay detrás de algunas de sus obras más reconocidas -Antonio López fue hasta hace pocos meses el pintor español vivo más cotizado-. Este trabajo no es solo producto de una observación meticulosa, sin o también de un control sublime entre el poder del color en forma difusa y la importancia de la exactitud en el trazo y el dibujo. De hecho, es sorprendente ver lo detalladas que se presentan las medidas -propias de un delineante cuando menos- en los bocetos previos al trabajo final. Además de esto podemos ver también los trabajos previos y el resultado final de sus obras escultóricas más representativas: los desnudos.

En el sótano, en cambio, se aprecia el dominio del oficio del pintor, desde una época más temprana, recién salido de la Facultad de Bellas Artes. Cuadros de diferentes tamaños y diferentes estilos -con similitudes desde el Cinquecento hasta el Impresionismo-, tallas de diferentes formas y esculturas de diferentes materiales y acabados. Pero en todo ello se ve la marca de Antonio López: un perfeccionismo hasta el extremo y el gusto por dar un toque casual, en las esculturas en forma de falso envejecimiento, en las pinturas, como trazos perdidos, lineas olvidadas o pinceladas fuera de sitio.

Esta es la exposición reina del verano en Madrid, al menos en cuanto a grandes museos, no cabe duda. Lo malo es que, como tal, las entradas hay que cogerlas con anterioridad -el mundo siempre ha sido de los previsores- y está repleto a todas horas pese a que la entrada es controlada. Esto último si que es malo: Un cuadro de 4×4 metros necesita que se vea desde cierta distancia para coger perspectiva, pero a veces los bocetos revelan mucho más si se observan de cerca, en detalle. No todo el mundo se da cuenta de eso y ante tal cúmulo de gente, quien más lo sufre son el resto de los visitantes. Si es un cuadro grande, puede estar chupando la patilla de la gafa de pasta con la fruición que quieras, pero es imposible que aprecies el cuadro -biología pura- por mucho que digas que lo que el artista pretendía expresar era esto o lo otro (Esto último me pasó. Me dio la risa. Antonio López, al que se le ha llamado pintor de la objetividad, ¿pretendía expresar algo oculto, más allá de lo que se ve?).

Así que, cada uno a su ritmo, cada uno como quiera pero, por favor, intenta no acaparar para tí todas las salas. Es todo lo que necesito recomendar de esta retrospectiva: Antonio López expone en el Thyssen. Ya está. Solo con esas cinco palabras ya debería apetecerte ir a verlo.

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Escrito por:

Diego Pernas - que ha escrito 16 posts en eresmadrid.

Sobre el papel, productor audiovisual -trabajó en CNN+ hasta que Gran Hermano ganó la partida- pero en realidad un adicto a todo el arte que consigue llevarse a los ojos:en lienzo, en papel, en acero, en bronce, en fotogramas, en pixels o en notas musicales. Fan de las oraciones subordinadas, paréntesis y acotaciones, en principio escribe sobre exposiciones, pero a la hora de la verdad cualquiera sabe.

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