La Castellana, Serrano, Gran Vía, Princesa, Sol, Plaza de España, Noviciado, Chueca, Malasaña, Plaza de Oriente, Prado, Atocha, Bravo Murillo, Tribunal, Avda. América, Nuevos Ministerios…
No hace tanto que estaba intentando memorizarlas, mientras escribía por primera vez en un pequeño café que, os confesé no saber ni dónde estaba. Todas esas calles que pensaba que jamás lograría retener, han pasado a formar parte de mi día a día. He enterrado todos los mapas y apuntes en el fondo de un cajón, justo al lado de la carpeta llena de Cvs que me acompañaba cada día recorriendo todo Madrid. Hoy os puedo contar que aquel café se encuentra en Espíritu Santo, Malasaña, una de mis zonas favoritas de Madrid. Ya tengo mis sitios clave para tomar una caña. Dónde ojear libros mientras me tomo un café, para acabar saliendo con algo bajo el brazo. El lugar donde comer las mejores pizzas de la ciudad, incluso dónde comer las segundas mejores, y las tiendas donde tirarme horas ojeando de todo y de nada. Todo eso escapándome de la rutina que me lleva a metro Callao cada día.
No hace tanto que llegué con una maleta y un montón de ilusiones a cuestas. Llena de dudas, miedos… paso a paso se han ido derrumbando mientras se iba construyendo mi pequeño hueco en Madrid. ¡Se puede decir que ya soy toda una madrileña de adopción! Ahora todo el mundo me pregunta qué tal me he adaptado a la ciudad. ¿Adaptarme? La ciudad me conquistó desde el primer momento y la verdad es que no he tenido que hacer grandes esfuerzos para subirme a su ritmo. Todos los tópicos de que es demasiado grande, demasiado caótica, demasiado ruidosa… se evaporaron desde el momento cero. Mi percepción siempre ha sido que Madrid puede ser lo que tú quieres que sea. Tú eresMadrid. Yo, lo que sé, es que ahora tengo más ganas de Madrid que nunca.







