El buen actor debe convertirse en su personaje, darle entidad hasta que éste se exprese a través de sus facciones. ¿Pero cómo es ese proceso de cambio, ese instante de transformación? A esa pregunta entre otras, le ha dado respuesta el fotógrafo Sergio Parra, que se ha colado, cámara en mano, en camerinos de teatros de la capital durante los últimos doce años. Ahora desentraña y exhibe lo descubierto con la ayuda del Teatro Español y el Festival de teatro clásico de Mérida, en su exposición “Camerinos”, en la Plaza de Santa Ana y en una de las salas del propio teatro.
“Camerinos” no es sólo una colección de retratos de actores preparándose para salir a escena. No son solo instantáneas documentales de gran formato, en blanco y negro y sin retoques. Lo son. Pero ademas quieren ser testigos de la transmutación de los actores en el sentido más amplio de la palabra: en el físico a través del maquillaje y del vestuario -espectacular a este respecto la serie de fotografías de Vicky Peña para la representación de Sweneey Todd-. Y también en el psicológico, hasta abandonar sus identidades y sustituirlas por los personajes -El caso de Belén Rueda o Maribel Verdú completamente absortas-.
En la exposición podemos disfrutar de una selección de algo más de 50 fotografías de gran formato y una proyección del resto. Y además de la transformación descubrimos el compañerismo -José Coronado-, el cansancio -Javier Cámara-, la concentración -Eduard Fernández- y también la diversión que está detrás del telón y que no se percibe desde el patio de butacas. La colección completa, eso sí son más de 60.000 fotografías, y de ellas hay una selección mayor en formato libro, por si queremos disfrutar de las instantáneas en nuestro salón.
Puede que, ahora que lo lees, te suene esta exposición. Se exhibió en el pasado Festival de Teatro clásico de Mérida y generó mucha controversia. Fue debido a una de las fotografías que aquí se exhiben: la que retrata a Asier Etxeandía preparándose para la representación de “La pasión”, cubierto únicamente por un crucifijo en el pubis y caracterizado como Jesucristo. En su momento, debido a los católicos más intransigentes e inmobilistas, la imagen fue retirada. Esta vez se exhibe, eso sí, en el interior y con un aviso de que puede resultar desagradable. Siento disentir. Yo solo vi lo que vi en el resto: un actor preparándose para las tablas.
La exposición permanecerá abierta al público hasta el próximo 26 de febrero. Deberías ir a verla si te gusta la ficción, para ver como se construye entre luces, pinceles y miradas. Deberías ir a verla si te gusta la realidad, para descubrir que es mucho más que tramoya lo que crea la magia del teatro.








