Robert Mapplethorpe y Pedro Almodóvar deben ser (con permiso de David LaChappele y Gus Van Sant) los representantes más conocidos del audiovisual queer contemporáneo. Ambos tienen una concepción estética muy marcada, que queda plasmada en todos sus trabajos -no sólo por la forma, si no también en el significado-. Así que si Almodóvar elige 30 fotografías de Mapplethorpe para exponer, lo lógico será que las dos concepciones artísticas se solapen. Exactamente eso ocurre en la Galería Elvira González desde el pasado 7 de junio. No hay ningún texto, ninguna introducción, únicamente las fotografías y su título. No hace falta más. Solo está Mapplethorpe perfectamente sintetizado y el ojo de Almodóvar delante de cada instantánea.
En 31 fotos en total se pueden apreciar los dos motivos que más marcaron la obra de Mapplethorpe: las flores por un lado, y el desnudo masculino con un fuerte componente sexual por otro. Curiosamente, pese a lo opuesto del concepto, la técnica es igual de sutil para ambos temas. Prácticamente todas en blanco y negro, con un control de la exposición que erradica los blancos y los negros puros y deja una escala de grises tan definida que casi podemos acariciar los pétalos de sus orquídeas, o los biceps de sus modelos. Una fotografía de estudio que no captura el momento, si no que lo crea, y en el que la composición es muy relevante y nos puede remitir a ciertas características de un constructivismo ruso muy neutro.
La mano de Almodóvar se nota, precisamente porque algunos de sus motivos artísticos recurrentes son comunes con el fotógrafo. Uno de ellos es la pulsión, ese deseo ya no de escandalizar, pero si de atraer fuertemente la atención del observador, que consigue a través de una representación poco frecuente de imágenes de alto contenido sexual -y hasta sadomasoquista-. El otro motivo es la búsqueda de la belleza visual. Así, las flores aparecen como una representación genérica del concepto “bello”, pero también -gracias a los juegos compositivos y de la iluminación de Mapplethorpe- resultan fuertemente evocadores jugando a la ambigüedad con sus formas. Y por último, no se debe olvidar el gusto de Mapplethorpe por el retrato -en la exposición representado a través de una fotografía a su íntima amiga Patti Smith-, que precisamente con ese control técnico y la presencia continua de esos motivos artísticos, destila un halo de sinceridad de la persona retratada
Vete a la Galería de Elvira González (C/ General Castaños, 3) si te gusta la fotografía en general, porque las que hay ahí merecen la pena. Vete si te gusta Mapplethorpe en particular, porque en 31 instantáneas se resume gran parte de sus inquietudes artísticas. Vete si te gusta Almodóvar, porque también se puede descubrir en 31 objetos su forma de pensar el arte. Vete a ver la exposición, pero solo si vas a ser capaz de ver más allá de un primer plano a un gran miembro; en ese caso, mejor no salgas de casa.








