Leo que en 2011, si Dios y la crisis no lo remedian, la Casa Real verá reducida su asignación entre un siete y un nueve por ciento. A lo mejor, tal vez, quizás, porque no hay nada seguro, las cosas de palacio van despacio y en lo tocante al jefe del Estado todo está envuelto en el secretismo, la rumorología, informaciones sesgadas y muchas veces más falsas –en todo caso, inciertas- que la falsa moneda. Aunque ya este año se les congeló la paga (8,9 millones de euros del ala, ahí es nada) y los trabajadores de la cosa borbónica vieron reducido su sueldo como funcionarios que son. Así que es muy posible, digo yo, que la filtración sea cierta. Ya veremos.
Peñafiel, autoerigido alegre comadre de la Zarzuela y quintacolumnista del monarquismo más cortesano y complaciente, debe de estar frotándose los guantes de cabritilla con gusto, porque de aquí le saldrán unos cuantos artículos muy lucidos y alguna que otra pública actuación en La Noria o un programa similar, cositas con las que sacarse unos euros, que lo cortés no quita lo valiente y si llueven trabajos, bienvenidos sean. Anasagasti, el despeinado antimonárquico de verbo afilado, algo dirá en su blog, no lo he mirado todavía, pero seguro que se despacha a gusto, porque una vez que le hincas el diente a los Borbones, las ganas de seguir mordiendo crecen y crecen. El resto de los opinadores, como siempre, se dividirá entre quienes aplaudan la medida (con tímidas y contenidas críticas al establishment real) y los que se suban por las paredes porque la Casa del Rey nos representa al más alto nivel y no puede perder boato, relumbrón, caché.
Pero hay que ahorrar, señores, que la cosa está muy mal y ni no arrimamos el hombro proletario los proletarios y el codo aristocrático los aristócratas (los de sangre, pero sobre todo los de bolsillo), aquí no nos libramos de una revuelta social cualquier mañana de estas. Por lo visto, la Casa Real, muy sensible a cierto pertinaz desprestigio que erosiona una imagen que muchos creían inmutable, lleva meses estrujándose las meninges para ver de dónde puede ahorrar, cómo rebañar unos eurillos, más de cara a la galería que otra cosa. Pero es que una monarquía europea y del siglo veintiuno vive fundamentalmente de galerías y sobreexposición mediática. Que se lo digan a la Reina de Inglaterra.
Yo creo que podrían esponsorizarse un poco, no mucho, sólo un pelín. De modo que, por ejemplo, la infanta Elena (qué mujer más elegante desde que pasó por la minipimer Marichalar) podría ir a los toros con minifalda y peineta anunciadora de, pongamos por caso, un brandy español, la colonia de las distancias cortas, algún ibérico centenario y de abolengo. A doña Cristina, más europeísta e internacional, la veo anunciando marcas deportivas, Adidas o Reebok, algo así. Que cuando el deporte se lleva en la sangre, hay que aprovecharlo. Letizia, no sé, es una incógnita de solución más compleja: yo la haría embajadora de buena voluntad de CNN, por aquello de recordar sus tiempos de dicharachera reportera en el ente público. El Príncipe que anuncie el plan de pensiones de algún banco como el Santander de Botín, que seguro que le dan un buen pico por ello. Al Rey lo dejamos que descanse después del susto que nos dio su salud hace unos meses, que se lo tome con calma y trabaje menos. La Reina, más teutona que griega, llevaría las cuentas, seguro que muy bien y muy ordenadas y muy limpias.
Sería el salto decisivo al nuevo siglo, la triple carambola con la que pasar el palito entre las dos equis del XIX al palito tras ellas, la modernidad absoluta, vamos. Un salto no exento de riesgos, claro, pero es renovarse o morir, que dicen por ahí. Algunos protestarán que esta descabellada idea sería como hacerse el harakiri, y que si unos pocos financian la Casa Real, ésta perdería su independencia y grandeur. Así que no hagan caso a este delirio de columnista trastornado y sigamos pagándoles entre todos los vestidos, las vacaciones, el colegio de las niñas. Que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. ¿O no?








Una respuesta Para “Mercadotecnia Real”
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