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Un cálido y largo otoño

Un cálido y largo otoño

Otoño erizado de huelgas, primarias, juicios a corruptos y arrojadizas armas que, ay, se arrojan en los sacrosantos templos de la palabra democrática. Otoño abrasador, una patata caliente que se pasan unos y otros, como en un juego de niños en algún patio de colegio, “tú la llevas”, “no, la llevas tú”, “abusón”, “tú más”. La ciudadanía se ha hecho experta en sortear las zanjas del politiqueo –en sus horas más bajas, oiga, que los políticos de hoy no son como los de antes: a ver, cómo han a ser, secuestrados por las encuestas, que son como los datos del share televisivo para los jorgejavieres y compañía, sólo que aquellas miden el grado de enfado patrio, secuestrados por el marketing y sus asesores de imagen, porque aquí y ahora una imagen vale más que mil palabras, y a qué hablar bien, alto y claro como afirma que hacía Curry Valenzuela (ahora es Isabel San Sebastián quien la sustituye en el programa de Telemadrid, y esta señora será lo que se quiera, pero como periodista y profesional se come en dos bocados a la inefable Curry), a qué malgastar palabras si lo que el pueblo demanda (parece) son imágenes, gestos, humo-.

La sufrida ciudadanía camina por estos meses como quien sortea las zanjas que Gallardón nos pone en Madrid, una carrera de obstáculos sin ganador final, una búsqueda del tesoro cuando no hay tesoro que hallar. La ciudadanía también secuestrada, aturdida, acojonada con esto de la crisis. Ahora dicen que será en 2011, a lo peor en 2012, puede que hasta en 2013, cuando salgamos del túnel y se vea la lucecita de la recuperación económica, el oasis del capital después de tan larga travesía por el desierto. Otoño incendiado de corrupciones, con el caso Malayay su tirón mediático que engorda los bolsillos de Telecinco (la Panto, el tirantes, sus amigos y amantes y ex, toda la farfolla de satélites y mierda a su alrededor), el caso Gürtel y los mesianismos verbales de Camps, incapacitado moral, imputado real, autoproclamado candidato en las próximas elecciones a la Generalitat valenciana.

Otoño mágico, qué hermosos los bosques con la caída de la hoja, qué yermo el arbolado de la cosa pública con la caída de los ideales, despertamos todos del largo y profundo sueño de la democracia y comprobamos que efectivamente, sí, el emperador va desnudo, en pelota viva, pero también nosotros, con una mano delante y otra detrás para taparnos las vergüenzas, en fila india y camino al matadero, como buenos borreguitos que somos. Otoño en Benidorm de tránsfugas sociatas que regresan por detrás al redil del partido omnívoro, ese que se rasgaba ayer las vestiduras y hoy, por un puñado de votos, exclama aquello de “donde dije digo, digo Diego”. Qué pena de país, qué lástima de España, hecha unos zorros, sacada a hombros en procesión por las calles, como el brazo incorrupto de la santa o el cuerpo muerto del Campeador, a ver si llueve a mi gusto y les ganamos alguna batalla a los infieles. Ay, camisa blanca de mi esperanza, la piel de toro se nos cae a pedazos, y esto yo creo que no hay quien lo arregle.
Siempre se llega a un punto en que el optimismo ya no es posible, en que declararse optimista deja de ser una actitud ante la vida para volverse una estupidez, porque lo que hace falta es una limpia en profundidad. Claro que si se hace en serio, aquí no queda ni el apuntador. Ayer se lo oí a una tía mía: “Zapatero no me gusta, pero es que Rajoy tampoco”. De lo peor, quedarse con lo malo.

Pero ¿quién quiere lo malo? Este miércoles unos irán a la huelga, a otros los obligarán los piquetes informativos, otros seguirán en sus puestos de trabajo. Y qué más da esta huelga aplazada, esta pataleta inútil, este lavado de imagen de unos sindicatos que poco hicieron frente a la sangría del paro y se revuelven sólo cuando les tocan los indefinidos. Yo no me los creo, tampoco a los socialistas en sus poltronas, menos aún a los populares, que claman por elecciones anticipadas y lo que de verdad quieren es que este sapo se lo coma el contrincante para luego, cuando las aguas poco a poco vuelvan a su cauce, colgarse la medalla de salvapatrias. El séptimo de caballería al rescate del país, expoliado entre la incompetencia del PSOE y los intereses creados, calculadísimos, del PP.

Pero, ojo, aquí parece que todo lo aguantamos, anestesiados, hasta que de improviso salta la chispa y prende en el seco y cansado y aburrido y cabreado ánimo del popolo. Y entonces pueden llegar las manifestaciones de verdad, las que surgen como un feroz grito del fondo oscuro de la tribu, animal dormido, animal terrible, fiera en reposo que los políticos cabalgan como quieren, pero que un buen día quizá se los quite de encima con un golpe de melena para merendárselos a todos, los de este lado y los de aquel.

Otoño hermoso, flamígero, agostado. Otoño de huelgas y juicios al corrupto, de primarias (Trini o Tomás, quién será el que se atreva a ponerle el cascabel a la tigresa Aguirre), de frases huecas, estómagos vacíos, hipotecas impagadas, tristeza, indefensión. Rabia.

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Escrito por:

Fernando Peña Charlón - que ha escrito 17 posts en eresmadrid.

Fernando Peña Charlón (Bilbao, 1970) estudió Historia en la Universidad de Cantabria. En cuanto le dejaron, puso tierra de por medio con sus raíces y vivió en varias ciudades (de aquí y del extranjero), realizando los trabajos más diversos, hasta recalar en Madrid, donde reside desde el año 2000. Autor de dos libros, colabora en prensa desde hace más de quince años

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